HISTORIA #22: EL IMPUESTO AL AIRE

Tema: La Ecología Real (Restitución Biofísica) y el fin del «Lavado Verde».

Las Indulgencias del Humo

Susi tiene un utilitario diésel del año 2012. Lo cuida, le pasa la ITV y apenas gasta. Pero un día recibe una carta del Ayuntamiento: «Su vehículo no tiene la etiqueta ECO. Para entrar al centro a llevar a su hijo al médico, deberá pagar una Tasa de Bajas Emisiones de 15€ diarios.» Susi no puede permitirse comprar un coche eléctrico de 40.000€. El Estado la castiga por ser de clase trabajadora, llamándola «contaminante». Esa misma tarde, Susi mira por la ventana hacia el polígono industrial. La inmensa fábrica química de «EuroPlast» expulsa una columna de humo negro y espeso 24 horas al día. ¿Por qué la fábrica no cierra? Porque la fábrica tiene dinero. Han comprado «Derechos de Emisión de CO2» al Gobierno. Han pagado millones para tener el permiso legal de ensuciar el aire que Susi y Leo respiran. El sistema es una farsa medieval: El rico paga para poder pecar; el pobre no puede pagar y se queda en casa. El dinero de esas «tasas verdes» no limpia el aire. Se pierde en el agujero negro del presupuesto del Estado.

La Factura del Daño Real

Es 2027. El Protocolo de Protección de los Comunes está activo. En Raíces, el aire, el agua y los ecosistemas no son «bienes del Estado». Son Bienes Comunes Sagrados. Nadie puede vender el derecho a envenenarlos. La fábrica «EuroPlast» recibe la visita de los auditores ambientales de la BioGuardia. No miden papeles, miden partículas en el aire (IoT sensors). El veredicto es matemático: «Ustedes están volcando 50 toneladas de tóxicos a la atmósfera compartida.» En el viejo mundo, pagarían una multa y seguirían operando. En Raíces, se aplica la Tasa Pigouviana de Restitución. —Señores directivos —dice el auditor—, están ustedes dañando el bien común. Su cuota de restitución es de 2 millones de euros al mes. Este dinero irá íntegramente al Fondo Soberano para pagar los dividendos ciudadanos de Susi y sus vecinos, y para limpiar el río.

La Física del Mercado Verde

Los directivos de la fábrica echan cuentas aterrorizados. Pagar 2 millones al mes les lleva a la quiebra. Solo tienen una salida capitalista y lógica: Invertir 3 millones, una sola vez, en instalar filtros de última generación para reducir sus emisiones a cero. Lo hacen. El humo negro desaparece. ¿Y qué pasa con el coche viejo de Susi? En Raíces, la persecución burocrática al ciudadano desaparece. El impacto del coche de Susi es estadísticamente irrelevante comparado con la gran industria. Además, como Susi ya no paga IRPF, este año ha podido ahorrar para instalar paneles solares y, en un par de años, cambiará de coche voluntariamente, sin que nadie la obligue con multas. Susi respira hondo en el balcón. El aire huele a limpio. La ecología ha dejado de ser un impuesto para los pobres y se ha convertido en un escudo contra los abusos de los gigantes.


LA MORALEJA TÉCNICA

El que contamina, restituye. El «Mercado de Carbono» actual permite que el Estado gane dinero vendiendo licencias para destruir la naturaleza. Es una traición al ciudadano. Raíces prohíbe la venta de derechos de contaminación. Aplica el Principio de Daño (Ley Natural): Si tu actividad económica externaliza un coste (contaminación, ruido, vertidos) sobre la comunidad, la comunidad te cobra una tasa tan alta que te resulte más barato innovar y dejar de contaminar que seguir pagando.


La ecología actual es un impuesto camuflado. Despierta:

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El Reloj de Arena

Susi vive corriendo. Trabaja para pagar, paga para trabajar. La ansiedad es la epidemia silenciosa del siglo XXI. Raíces devuelve a la gente su activo más valioso: El Tiempo.

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